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Crónica de películas viejas: Hoy Buffalo ’66

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Escrita y dirigida por Vicent Gallo 

Protagonistas: Vicent Gallo y Christina Ricci

Año: 1998

Dos finales. Dos rutas en la cabeza de Vicent Gallo. Una hacia el caminito con flores y el chocolate caliente y otra hacia el final absoluto, dentro de un hoyo, cubierto de tierra y arreglos florales. ¿Cuál es el mejor final? ¿Cuál es el que cierra la lápida de una historia en el cine o en la literatura o en la crónica real?

Diozel Pérez, el director de La Cuarta, una vez dijo que el mejor final, siempre-siempre, era la muerte. La muerte roja de la crónica roja. La muerte fatal, la ampulosa, la macabra, la  sanguinolenta, la gore. “Ese sí que es un final final”. Dijo.

Pero las fábulas de princesas envenenadas con manzanas rojas prometen que un beso espanta a la muerte. Que se puede renguer hacia un final feliz que nos redima de todos los males y las injusticias de este mundo.

¿Será posible eso a pesar de la inteligencia?

En Buffalo’ 66, el besado es el princeso, el hombre, el Billy Brown (Vicent Gallo).

Una chica, Layla, (La Ricci) le dice que es hermoso, el más hermoso de la tierra, el mejor, el más dulce, el de los zapatitos más rojos, el alfa.

Y con ese beso de ella, el bello durmiente, que descansa en el regazo de su dama (una de las escenas más conmovedoras de la peli) decide o ir por el chocolate caliente o ir a cavar la tumba propia de las cuentas impagas.

No lo sabemos hasta que lo sabemos.

Pero aún conociendo el final, ¿cuál es el mejor final? ¿La redención del nunca antes amado o la venganza por una vida trágica?

La escena congelada del casi final nos permite pensar en aquello. En esa pregunta que nos hacemos siempre al comienzo de un gran viaje: ¿Tomamos este caminito lleno de flores y chocolates calientes o vamos por el bosque oscuro lleno de hienas hambrientas que pueden comernos? 

Trivia: Película semi-autobiográfica.
Gallo usó para los flashback diapositivas y película de 15 y 35 mm.
La Revista Empire la puso en el puesto 36 en su lista de las mejores películas independientes de todos los tiempos. 



Corre, Forrest
January 20, 2014, 2:32 pm
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Un día me puse a correr como en las películas
con zapatillas viejas,
un Personal Stereo
y un cintillo en la cabeza.

Corrí para curar mi corazón
que ya estaba lleno de agujeritos.
Parece que nadie me había enseñado a amar.
Así que corría.

Corría y corría, porque algo había que hacer.
Corría con una sola canción
sonando una y otra vez
en ambos lados del TDK.

Era la voz de una mujer y un sintetizador
que decía que todo el mundo buscaba algo,
que todo el mundo era usado o usaba a alguien
y que quién era ella
para no estar de acuerdo con eso.

Yo corría y corría.
Y escuchaba.
Y me preguntaba,
en silencio, por las veredas,
que quién me usaría a mí y a quién usaría yo.

Tenía que correr
para obtener una respuesta.
En algún lugar estaba ese conocimiento.
Alguien debía saberlo.
Cómo iba a ser tan difícil.

En el camino,
le fui preguntando a mucha gente,
pero nadie supo decir nada.
Todos iban escuchando sus propias canciones,
resolviendo sus propios dilemas,
siguiendo a sus propios dioses.

Así que rendida,
un día paré y me senté en la cuneta.
Flaca, llena de sudor y llagas.
Allí, en el borde, con un lápiz BIC
adelanté la cinta hasta el final,
hasta el trozo transparente
donde nadie canta.

En ese silencio estaba,
cuando vi venir a la chica del sintetizador.
Venía también corriendo con zapatillas
y un Personal Stereo en las orejas.
Pasó frente a mí como un rayo,
como una Fraser Pryce, como una Cheetara negra.

“Yo sé todo”, dijo y se fue.
Así que no me quedó otra
que correr y correr
y seguir corriendo
hasta quién sabe dónde
hasta quién sabe cuánto.