andrealagos


Una de vaqueros
February 10, 2014, 12:21 pm
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Diez hombres
se sentaron en la barra
Pidieron sus copas
Y fumaron en silencio

A sus espaldas
diez señoritas bailaron
sobre proyecciones
de películas

Ninguno supo del bien
ni del mal
sólo cargaron sus pistolas
y esperaron lo justo

Pero ni ellas dijeron nada
ni ellos emitieron palabra.
Se habían cansado
los unos de las otras

La mudez era una suposición
que se humedecía
con tragos de whisky
y pensamientos obsesivos

Las mujeres esperaron
una invitación en vano,
porque a ellos
les bastaba mirar por el espejo.

Eran bellas
Eran fértiles
tenían dinero
y no necesitaban ayuda

Pidieron otra ronda
Y siguieron fumando solos.
Y ellas acabaron la noche
bailando consigo mismas.

Eso fue todo.
Al amanecer
acarrearon los 20 cuerpos
y los tiraron a la calle.

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SMELLS LIKE TEEN SPIRIT
February 9, 2014, 10:07 pm
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Hola.
Dile a tus amigos
que estamos perdidos.
Que no conseguimos satisfacción.
Ni el rubio de la pistola,
ni nadie.
Ven tal cual eres.

Es divertido perder.

En el muro están
todos los tiempos verbales de todos.
Un pasado de mosquitos,
un futuro sobre naves.
Somos así.
Siempre lo hemos sido.
No tenemos presente.

Regala esa computadora
alimenta a tu perro
entrena esos músculos
y ni aún así lo lograrás
porque hasta ahora
nadie lo hizo.

No se calmaron
nuestros padres
No nos apaciguamos
nosotros.
Para qué mentir.

Ella está muy segura
de sí misma,
pero tampoco es capaz
de sentir satisfacción.
Y aún así
lo intenta, lo intenta y lo intenta.

¿Y qué más vamos a hacer?
¿Cuánto esfuerzo más será necesario?
¿Cuántos Brooklyn habrá que conquistar?
¿Cuántos Seattle visitar?
¿Cuántas películas habrá que filmar?
¿Cuántas canciones escribir?
¿Cuántos Aullidos traducir?
Lo sabemos, pero aún no lo queremos saber.
No lo queremos decir.

Pásame esa camisa escocesa.
Quiero irme ahora.
Ahora mismo,
de este pequeño grupo
que es el peor en lo mejor.

Algo huele mal en Ñuñoa
Y no nos enteramos.
Finge tu abuelita
fingen todos.

Ya se han caído demasiados skaters
Y el pan endureció temprano.
Más aún: en Los Castaños
la gente sigue bebiendo
capuccino instantáneo
apoyada en la vitrina
Esperando que algo ocurra
que ocurra algo

Que se tricen los ventanales,
que se descomponga la máquina
O que se conozcan los amantes.

Algo. Que ocurra algo.
Algo.
Pero que le digan a mi generación
de una vez por todas
que no es posible conseguir satisfacción
ni aún dándole un like a Dios
que  viene ahí,
comiéndose un completo.



Crónica de películas viejas *** HOY: La dama y el lobo


Película: “Contra la pared”
Año 2004


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Ella lo eligió un día que se cortó las venas. Vio que era extraño, que estaba maltrecho, que tenía un profundo surco en el entrecejo, que era como un lobo que huía después de dar el mordisco. Lo vio y lo eligió, como hacen las mujeres que saben que el universo les pertenece. Que la vida depende de ellas, de ese poder. Además, quería huir del celo de su conservadora familia turco-alemana de origen.Y, así, segura y risueña le pidió que se casara con ella. Le bastó con su nombre y con saber que la sangre de uno pertenecía a la del otro. Que eran de la misma tribu. Él aceptó a regañadientes: el siquiatra le había dicho “Puedes acabar con tu vida sin suicidarte”. Es decir, tenía que hacer algo. Y se casó. Pero se encargó de lanzar las cervezas lejos y de echarla de su casa en la primera noche juntos, con el vestido de novia puesto. Ella se fue a la barra de un bar, a esperar. Y luego, en una escalera siguió esperando a que terminara la noche, la primera noche.

La pareja, a pesar de la desidia de él, sigue unida por conveniencia.
Ella consigue huir de la casa de sus padres (ir a fiestas, tatuarse el lomo, cortar el pelo, jalar) y a él, lentamente, se le arregla la vida con una olla llena de pimientos rellenos de carne y arroz.
Ella le corta el pelo. Ella le sonríe  a distancia, le paga el alquiler, le limpia los ceniceros.
No hay sexo, hay una complicidad extraña, un baile punk árabe en la cocina. Hasta que quién sabe cómo, con esa suma de cotidianeidad, la ternura del lobo comienza a germinar. Lento. Como una hojita que sale, como otra que se suma, y luego como una flor que abre y cuaja un fruto. Ahí, de un cuadro a otro, él se rinde. Se hechiza a sí mismo de verla tan plena en su felicidad tan simple. Llora como lloran los lobos cuando se meten a sí mismos en las jaulas del amor. Y se entrega. Y ama. Hasta que sucede lo que sucede en toda buena película: la armonía se descompone por un golpe mal dado. Corte. Sangre, perdición, fin, asomo del fin. El Lobo cae preso por salvaje, por tosco. Su alma, como tantas almas, aún no estaba preparada para ser feliz. No se le permite burguesía a un lobo. Y como en una ruina, los amantes caen al precipicio de la pobreza, el destierro, la soledad, el maltrato social, la falta de libertad y la decadencia del desamor.

¿Las cartas conseguirán aplacar la furia del tiempo?
Cuando liberan al lobo, éste sale de nuevo a encontrarse con esa vida que dejó en suspenso, en el surco de su entrecejo.

Escrita y dirigida por el director turco alemán, Faith Akin
Protagonistas: Birol Ünel y Sibel Kekilli
 

Trivia: Ganó el Oso de Oro en Berlín el año 2004 y el FIPRESCI a la mejor película el mismo año. Fue difícil encontrar una actriz turca que estuviera dispuesta desnudarse. Para conseguir a la protagonista se hizo un casting con 350 postulantes. Entre ellas, escogieron a la administrativa de un centro comercial de colonia, Sibel Kekilli. En mitad de la filmación a Sibel le dio apendicitis.
Se rodó cronológicamente.
Mientras filmaban en Turquía comenzó la guerra en Irak.
Birol Ünel no podía pisar suelo turco porque no había hecho el servicio militar.
Dos días antes de grabar cambió la ley y así el actor pudo andar libremente por su país. 


Corre, Forrest
January 20, 2014, 2:32 pm
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Un día me puse a correr como en las películas
con zapatillas viejas,
un Personal Stereo
y un cintillo en la cabeza.

Corrí para curar mi corazón
que ya estaba lleno de agujeritos.
Parece que nadie me había enseñado a amar.
Así que corría.

Corría y corría, porque algo había que hacer.
Corría con una sola canción
sonando una y otra vez
en ambos lados del TDK.

Era la voz de una mujer y un sintetizador
que decía que todo el mundo buscaba algo,
que todo el mundo era usado o usaba a alguien
y que quién era ella
para no estar de acuerdo con eso.

Yo corría y corría.
Y escuchaba.
Y me preguntaba,
en silencio, por las veredas,
que quién me usaría a mí y a quién usaría yo.

Tenía que correr
para obtener una respuesta.
En algún lugar estaba ese conocimiento.
Alguien debía saberlo.
Cómo iba a ser tan difícil.

En el camino,
le fui preguntando a mucha gente,
pero nadie supo decir nada.
Todos iban escuchando sus propias canciones,
resolviendo sus propios dilemas,
siguiendo a sus propios dioses.

Así que rendida,
un día paré y me senté en la cuneta.
Flaca, llena de sudor y llagas.
Allí, en el borde, con un lápiz BIC
adelanté la cinta hasta el final,
hasta el trozo transparente
donde nadie canta.

En ese silencio estaba,
cuando vi venir a la chica del sintetizador.
Venía también corriendo con zapatillas
y un Personal Stereo en las orejas.
Pasó frente a mí como un rayo,
como una Fraser Pryce, como una Cheetara negra.

“Yo sé todo”, dijo y se fue.
Así que no me quedó otra
que correr y correr
y seguir corriendo
hasta quién sabe dónde
hasta quién sabe cuánto.



Mortal Kombat
January 16, 2014, 3:00 pm
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Lo intenté todo.
Jugué flipper, tejí un chaleco,
di varios combos y caí.
Me erguí.
Construí una casa, planté un ciprés,
escribí un thriller malo,
gané millones, fui flaca, viví con lo justo, engordé.
Me fui por el mundo, di vueltas y volví.
Aguardé siete inviernos en casa,
oí discos antiguos, aprendí sinfonías del nuevo mundo,
intenté hacer canciones viejas
rompí un violín.
Nevó. Granizó. Dormí.
Soñé con Rocky Balboa
con Rick Hunter y Lynn Minmay.
Maté gallinas del Universo Macross,
corrí, entrené en la carnicería y desperté.
Cociné manjares magníficos,
tortas de guinda, chocolate y trufas.
Serví trozos del pastel a la multitud
me comí el vaso del centro, sola.
Bebí fernet en un bosque de cedros, leí a Perrault.
Tomé caldo de avena y memoricé las cartas de mi madre.
Fui a buscar a mi padre, lo abracé y lo enterré.
Busqué al Hombre Increíble,
lo encontré.
Le dije tres veces te amo,
Le dije cien veces te amo
y cuando iba a darme un beso,
y cuando iba a darme el tremendo beso,
se acabó el tiempo.
Y ya no me quedaban más fichas.



PASEO AHUMADA VACÍO
October 17, 2013, 3:02 am
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ImagenCuando tenía 15 años yo era una gimnasta. Y un día vine a Santiago para saber cómo era esta ciudad. También vine para conseguir una medalla por un esquema que ensayé un año completo. Gané, ganamos. Era fácil ganar en esa época. Al día siguiente del campeonato me levanté muy temprano y salí de la casa de otra gimnasta que me había invitado a dormir. Salí vestida con el buzo de la selección. Afuera tomé una micro que decía Alameda. Yo nunca había estado en Santiago, pero sabía qué significaba la Alameda. Llegué al Paseo Ahumada y lo crucé entero, desde las escaleras del Metro de la U. de Chile hasta un poco antes de la Plaza de Armas. Era domingo. No había un alma. Entré a una Fuente de Soda del Portal Fernández Concha. Pedí un té. No era algo que a los 15 años hacía: pedir té en las fuentes de soda, pero tenía frío y quería tomar té. Estaba ahí tomando té cuando una señora me preguntó qué hacía tan temprano en ese lugar. Le conté lo de la medalla. Le dije que quería conocer Santiago y que quizás en el futuro viviría en esta ciudad. Ella me dijo: quédese en el sur. No, le dije yo. Me miró y la miré. Como me vio tan dueña del futuro me dijo, me advirtió: lo bueno de esta ciudad es que si uno se aburre, toma un tren y se devuelve.



Las tazas de los caballos azules
February 8, 2013, 9:42 pm
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Tecito-3

Por Andrea Lagos

Son las cinco de la tarde. Yo, mi mamá y un hombre que no es mi papá tomamos té en hojas y comemos pan francés con tomate. Pongo la mesa casi todos los días. La ordeno como se supone que ponen la mesa las familias chilenas de clase media. Tenemos tazas con carrozas azules tiradas por caballos. Fui yo quien las sugirió. Tampoco había mucho para elegir. Eran éstas o las de ribetes verdes o las de vidrio marca Futura. Me gustaban las del carruaje porque al echar el té al plato y beberlo desde ahí, imaginaba que los caballos irían galopando mojados hacia el otro lado de la taza. La mía, la que yo misma puse en el puesto de la derecha, al lado de mi nuevo padre, estaba picada. A mí siempre me tocaba la loza picada.